Unicaja hace nuevos cálculos para la fusión con Caja España

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I. A. CASTILLO / B. GALACHE Hay que revisar el plan de negocio, pero no hay temor por que no se pueda certificar un proceso de fusión iniciado hace poco menos de un año, cuando fue aprobado por el Consejo de Administración. Unicaja está haciendo cuentas para que su integración con Caja España-Duero resulte viable. La principal condición del proyecto de integración de las dos cajas es que sea viable económicamente y ahora, tras la reforma financiera aprobada por el Gobierno, cambian las reglas de juego y obliga a las dos entidades a calcular cuál será el impacto real de la norma en la solvencia del futuro banco conjunto.

Lo que parecía ya cerrado, ahora vuelve a iniciarse y se ha entrado en una fase de estancamiento. Distintos consejeros consultados por este periódico apuntaron ayer a que la operación sigue adelante y que Unicaja ultima los cálculos, como en teoría también lo hace la caja castellano y leonesa. «Las cifras tienen que cuadrar y el proyecto está supeditado a que sea viable», aseguraban ayer fuentes financieras, aunque la línea de trabajo es la de sacar adelante el proyecto.

Unicaja no tiene problemas para lograr una provisión de fondos de 691 millones de euros para cumplir con las exigencias de la reforma bancaria y demostrar su solvencia frente a posibles imponderables derivados de sus activos vinculados al sector inmobiliario. En el caso de Caja España-Duero, deberá provisionar 1.140 millones pedidos en su día al FROB. Si hubiera que solicitar más dinero público, el Estado, cumpliendo la ley de reforma financiera, tendría la facultad de limitar los sueldos de los directivos y cualquier ley posterior afectaría al futuro de la entidad.

En el horizonte está la fecha del 31 de marzo, no para certificar la fusión, sino para que ambas entidades establezcan con claridad cuáles son sus planes de futuro.

El plan «De Guindos», aprobado por el Gobierno el pasado 3 de febrero, introduce un nuevo panorama y unas nuevas reglas de juego en el sector, por lo que es necesario ver cómo va a impactar en el proyecto y a la integración definitiva, que según insisten las fuentes, sigue adelante. Y eso ha provocado un cierto parón en el proceso.

Como informó La Opinión de Málaga el viernes pasado, el Banco de España ha apremiado a ambas entidades para que cumplan cuanto antes la operación. En caso de fracasar, Caja España-Duero se vería abocada a una intervención estatal.

En todo caso, y mientras la fusión se resuelve, Unicaja ha optado por seguir pensando como entidad única. Al fin y al cabo, podría cumplir con los requisitos ministeriales en solitario. De hecho, anunció hace dos semanas que tendrá listas las provisiones inmobiliarias exigidas por la reforma en el primer semestre de este año, al margen de Caja España-Duero. Así que el mensaje que deja entrever es de absoluta tranquilidad, al contrario de las noticias que llegan desde Castilla y León.

La otra versión. Fuentes internas de Caja España-Duero aseguraron ayer que el proceso sufre un parón a raíz de conocerse las nuevas exigencias planteadas en la reforma financiera impulsada por el ministro de Economía, Luis De Guindos.

Hay que tener en cuenta los distintos intereses de cada una de las entidades a la hora de hacer frente a la integración. Así que Unicaja, que tendría la sartén por el mango, podría «invitar» a la entidad castellano leonesa a que antes de culminar la fusión, sanee sus cuentas.

Fuentes castellano y leonesas aseguran que hay temor a que a Unicaja cada vez les resulte menos atractivo unirse con Caja España-Duero. Los consejeros más críticos reprochan la total opacidad en la que se mantienen las conversaciones y negociaciones entre el presidente de Caja España-Duero, Evaristo del Canto, y el de Unicaja, Braulio Medel. El Consejo de Administración no se reúne desde el mes de noviembre, al contrario que en la entidad malagueña, cuya última reunión fue el viernes y aunque no demasiado extensos, el presidente sí ofreció nuevos datos sobre el proceso y las nuevas condiciones que impone la reforma financiera.

En Castilla y León hay quien sospecha que el endurecimiento de la postura de la caja malagueña sería parte de una estrategia para que la castellano leonesa rebaje aún más su participación en el nuevo banco, fijado en un 30% frente al 70% de Unicaja. Lo cierto es que la falta de avances y la fecha límite impuesta por el Banco de España del próximo 31 de marzo para decir qué van a hacer y alcanzar un acuerdo laboral, han encendido las alarmas en el seno del propio Gobierno autonómico. Tanto sus representantes, con el consejero de Economía, Tomás Villanueva, a la cabeza, como el Banco de España y el propio ministro de Economía estarían intentando presionar para que la operación cuajara y descartar la intervención, informan fuentes de Castilla y León.

Contactos con Liberbank. Pero los escollos se suceden en el proceso: La Nueva España publicaba en diciembre pasado el inicio de contactos entre Unicaja y Liberbank, el banco liderado por Cajastur resultado de la fusión con Caja Cantabria y Caja Extremadura. El resultado de la operación daría lugar al séptimo mayor banco español, con unos activos de 79.000 millones de euros. Caja España-Duero, según la misma información, se muestra reticente a esta alianza, que reduciría a un papel testimonial a la entidad regional en el nuevo proceso de fusión. En cualquier caso, todo hace indicar que a estas alturas y, según admiten los miembros del consejo de administración, ya no queda margen de tiempo para nuevas aventuras con otros socios. Así que Caja España-Duero no tiene otra alternativa más que llegar a un entendimiento con los malagueños, independientemente del precio, o ponerse directamente en manos del Banco de España.

 

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