Regeneración sindical

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Que el debate sobre la regeneración sindical en España está abierto es un hecho, una realidad incuestionable.

Es bueno que así sea, porque el ser humano progresa mediante el método acierto/error, mediante conjeturas, teorías y refutaciones.

Quienes creemos en una sociedad libre y abierta también creemos en la necesidad de que los sindicatos tengan la oportunidad de discutir libremente sus teorías, de presentarlas en sociedad, defenderlas y criticarlas.

Y este es el gran problema del sindicalismo de clase en España: su incapacidad para respetar el debate, máxime, cuando es una evidencia su desprestigio, solo 15 de cada 100 españoles están afiliados a un sindicato, cuando la media europea es del 60%.

La diferencia se explica fácilmente, los sindicatos europeos son independientes.

El fundamentalismo sindical en España, ha asumido la teoría de su propio modelo como una religión y busca herejes por cada esquina. Señala a los culpables y exige su expulsión del debate sindical. Y ello con el argumento de que no se trata de unos culpables cualquiera, sino –como si de una película de James Bond se tratara – de perversos malvados que quieren destruir el mundo de “Alicia en el País de las maravillas” en el que ellos viven.

La imagen resulta ridícula, pero funciona represivamente. Aquel sindicato que desde principios distintos, o desde modelos de desarrollo sindical diferentes, llega a la conclusión de que se hace necesario cambiar y modernizar el modelo de relaciones laborales porque el existente está obsoleto, se le insulta, se le vitupera y se le persigue.

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