“EL MUNDO DE LAS MUJERES”

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“Venimos del ayer, del pasado oscuro y silencioso,
acalladas, ninguneadas, silenciadas,
menores de edad en todos los asuntos”…
(del poema de Jenny Londoño. Ecuador)
Hace años que Clara Zetkin abanderara el movimiento femenino y se instaurara el Día Internacional de la Mujer Trabajadora como el día de lucha por los derechos y libertades femeninos. Desde entonces las mujeres recorrimos el mundo dando mítines, desfilamos con pancartas, interrumpimos discursos de dirigentes de izquierdas y de derechas, ganamos el derecho al voto y paridad. Hemos pasado de madres y esposas abnegadas, a las chicas jóvenes y bien preparadas que cogen su maleta para buscar horizontes más prometedores, o a las muy arriesgadas empresarias y emprendedoras en tiempos de crisis.
Con el tiempo entendimos que “para cambiar la faz del mundo tenemos que estar solidamente anclados en él” como decía Simone de Beauvoir. Pero también entendimos que la mujer que se había lanzado a la conquista de su libertad sin más armas que la simple imitación del sexo contrario, caía –como no podía ser de otra forma- en los mismos errores que el hombre, sobre todo cuando no se elige bien el modelo a imitar.
A lo largo de siglos la sociedad se articuló alrededor de la dominación y el poder masculinos, a la vez que tuvo como eje la familia tradicional. Es curioso observar que en el mundo contemporáneo se está produciendo un movimiento a la inversa, un movimiento tendente a conocernos a nosotros mismos para no reproducir los viejos esquemas y en este sentido las mujeres hemos ido dejando a un lado los referentes masculinos para construirnos una identidad propia.
Aunque sigan siendo sorprendentes las cifras sobre la posición de las mujeres en los Consejos de Administración y de poder político, aunque vivamos en un mundo donde sufrimos la mayor violencia y sigamos siendo las peores pagadas en el mercado laboral, hemos pasado de una sociedad de hombres a una sociedad de mujeres, una sociedad en el que el conocimiento de uno mismo es una premisa importante y para lo que las mujeres estamos bien preparadas.
Como decían los taoistas, «La esencia de lo femenino es integradora, nos enseña a ceder en lugar de luchar, a expresar sentimientos en lugar de reprimirlos, a ser pacientes y tolerantes en vez de orgullosos y cargados de prejuicios, flexibles en lugar de rígidos, blandos en lugar de duros.. Más semejantes al agua que al fuego».
Dedico este día especialmente a mi madre, a las abuelas, a las mujeres que no aprendieron a volar porque les cortaron las alas, o perdieron sus alas en el intento, a las que volaron con su solidaridad, con su inteligencia, con su arte; pero sobre todo porque siempre estuvieron ahí para enseñarlos que el amor, la educación y la cultura son los vehículos de la vida.
Carmen Ciudad
Miembro de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad
(Women International League for Peace and Freedom- WILFP)
Colaboración con Sindicato SECAR

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