Día Internacional de la Mujer Trabajadora. 8 de Marzo

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El próximo día 8 de marzo, como cada año se celebrará el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Tal día se conmemora la lucha de la mujer por su participación, en plena igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona.
Esta celebración data oficialmente del año 1977, cuando la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) proclamó la fecha del 8 de marzo como Día Internacional por los Derechos de la Mujer.
En días como éste, estamos acostumbrados a recibir notificaciones de los sindicatos felicitando a las mujeres trabajadoras por una fecha tan señalada, haciendo alusiones continuas a los “típicos tópicos” acerca de “los logros obtenidos a lo largo de tantos años de lucha”, “a todo el camino que aún queda por recorrer”, “a las desigualdades aún existentes”, “a lo infravaloradas que siguen estando hoy por hoy las mujeres a nivel laboral con respecto a los hombres”, así como “a las discriminaciones en cuestiones tan básicas como los salarios, los ascensos o el acceso a los puestos de responsabilidad dentro de las empresas”. Todo ello, sin olvidar que hay que mencionar la tan manida frase de “La Conciliación de la Vida Familiar y Laboral” (…que se lo cuenten a quienes tienen a sus familias a cientos de kilómetros de su puesto de trabajo…).
Siempre la misma canción, es como el himno oficial del día de la mujer trabajadora, repetido de varias formas según quien lo cuente.
Y digo yo, si en 2014 -más de 200 años después de la Revolución Industrial- siguen existiendo desigualdades y discriminaciones en el entorno laboral entre hombres y mujeres, será porque algo se habrá hecho mal, o quizás porque no interesará mucho que las cosas cambien, pues a saber cuánta gente vive de esto…
Pero independientemente de ello, pienso que los convenios colectivos, los acuerdos de empresa, y especialmente la participación activa y la firma de los sindicatos en todo el ámbito laboral, y SU APLICACIÓN REAL deben ser lo suficientemente claros como para impedir que se produzcan situaciones de desigualdad.
Lo normal y lógico es que un trabajo tenga que estar pagado de forma idéntica, lo desempeñe quien lo desempeñe, y en vez de “inventarnos” Comisiones de Igualdad -que lejos de resolver el problema de las desigualdades, lo único que generan es más burocracia y menos eficacia- lo que debemos hacer a nivel sindical es impedir que existan firmas de acuerdos que resulten discriminatorios, lesivos o vejatorios, para todas y cada una de las personas que día a día acuden a su puesto de trabajo.
Pero lo más importante, es que todo eso hay que plasmarlo directamente en los Convenios Colectivos y en los Acuerdos de Empresa, pero de una forma tan CLARA y CONTUNDENTE, que no pueda prestarse a interpretaciones, y eso se puede hacer.
Ya es hora de que nos dejemos de monsergas sin sentido, de inútiles comisiones y de lazos de colorines que no nos llevan a ninguna parte. Ya va siendo hora de coger de una vez por todas al toro por los cuernos.
Si la ONU proclamó el 8 de marzo como El Día de la Mujer Trabajadora, festejemos y recordemos por un instante a tantas y tantas mujeres que día a día han luchado por sus derechos, por conseguir la igualdad en todos los ámbitos de la vida, y ¿por qué no? también a tantos y tantos hombres que se han solidarizado y han apoyado esa misma causa a lo largo de tantos años, y que tanto han aportado a un proyecto que al principio parecía ser “cosa de mujeres”, cuando en realidad es cuestión de personas.
Seamos honestos, ojalá que muy pronto llegue ese día en que nadie tenga que felicitar a las mujeres por el Día de la Mujer Trabajadora; ese día en que no hablemos ni de mujeres ni de hombres, sino de personas; ese día en que los acuerdos sean tan sólidos que no tengamos que crear comisiones adicionales para ratificar lo ya establecido, que no es otra cosa que lo recogido en el artículo 14 de los DERECHOS FUNDAMENTALES de nuestra Constitución, el que establece que “Todos somos iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.
Cuando llegue ese día –y está en nuestras manos el llegar- por fin podremos felicitar a las personas porque en ese momento verdaderamente seremos iguales ante la ley, pero sobre todo, y creo que es lo más importante, iguales ante la vida.
Por Juan M Medina
 

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