Cándido Méndez y las esencias del "homo corruptus"

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15.11.2013Ricardo T. Lucas
La plaga más grave que atenaza a España en esta feroz crisis que dura ya más de cinco años es, sin duda, la corrupción moral de la sociedad. Un virus que se ha extendido a todos los estratos de la vida pública y que tiene su plasmación más grotesca en los desfalcos protagonizados por cientos de cargos políticos, sindicales y empresariales durante las últimas décadas, que ahora están saliendo a la luz.
Uno de los más recientes es el que afecta a la financiación del sindicato UGT, sobre el que recaen sospechas de peso sobre el desvío de fondos públicos destinados a la formación de los parados. Comportamientos que deberían producir cuando menos sonrojo al máximo dirigente de la organización, Cándido Méndez.
Pero en el rictus del longevo secretario general (lleva ¡desde 1994 en el cargo!) del principal sindicato de España nada refleja intranquilidad ni propósito de enmienda. Lo máximo que se le ha podido escuchar respecto a este caso es su convicción de que «no hay nada que reprochar» a UGT, a pesar de todas las pruebas publicadas por El Mundo que apuntan en sentido contrario.
¡Ah! Y el manido recurso a achacar todo a una supuesta campaña de desprestigio contra el sindicato, en vez de afanarse en limpiar y oxigenar su organización. La pasividad con la que el líder de UGT está afrontando la grave crisis reputacional del sindicato sólo puede responder a una dilata coexistencia cómplice con otros dirigentes corruptos y aprovechados. La pasividad con la que el líder de UGT está afrontando la grave crisis reputacional del sindicato sólo puede responder a una dilata coexistencia cómplice con otros dirigentes corruptos y aprovechados
Baste recordar lo dicho por el ex-secretario general del sindicato en Cádiz Salvador Mera al ser preguntado por su futuro profesional para comprender en qué han degenerado estas organizaciones y la concepción que tienen de ellos mismos los sindicalistas actuales: ««Ocuparé el sitio que la organización decida, como si decide que me tengo que ir a trabajar»».
Son este tipo de actitudes las que han contribuido más que cualquier otro hecho al descrédito actual de los sindicatos, que nacieron como un elemento de contrapoder y han acabado insertados en las entrañas más oscuras del sistema, allí donde anida lo que se ha dado en llamar «la casta política».
Una fauna autóctona española, ibérica si se quiere por aquello de no ofender las sensibilidades regionalistas, caracterizada por el apego al poder, el mal empleo del dinero público, el abuso de su posición privilegiada y la despreocupación absoluta por los problemas que aquejan al común de los ciudadanos.
Su observación detallada -que es el propósito de esta columna que hoy empieza a publicarse bajo el título de «La fauna ibérica»- está en la raíz del cabreo generalizado de los españoles con todo aquel que tenga algo que ver con la política española. Mientras no se aborde en serio una regeneración profunda de estas estructuras públicas y del ‘modus operandi’ de quienes las ocupan no será posible dar carpetazo a esta desgarradora crisis de la que parece que empieza a salir la economía española.
Fuente: http://ow.ly/rlUru

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